Estoy pensando en pintar su retrato. Lo miro, conozco en
parte su historia. Puedo reconocerla en sus arrugas, su gesto y sobre todo en
su mirada. Su boca horizontal, neutra, quiere mantener silencio. Es que muchas
de las imágenes que vió y fotografió, lo dejaron mudo, con el alma encogida.
Perdida
la esperanza, la pudo volver a encontrar. Eso es profundamente humano, y el
polo opuesto al que hizo que la perdiera.
Quizás un día de estos, pinte a Sebastiao Salgado.
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