Tengo una casa llena de monstruos. No sé desde cuando empezaron
a llegar. A muchos no los vi entrar. Otros tuvieron una llegada con muchos
alaridos.
Se fueron acomodando y buscando cada uno su lugar. Arriba
del aparador de la cocina, en una de las sillas del comedor, debajo de la cama,
detrás del cuadro, por nombrar sólo algunos de los muchos que pueblan mi casa.
En realidad yo los invité. Con cada enojo, cada reproche,
cada discusión les abrí la puerta. No sólo llegan nuevos, sino que alimento
bien a los viejos huéspedes. Ellos a su vez me azuzan para tener alimento. Yo
les cedí el mando. Son ellos amos de mis actos y de la casa.
19/6/2019
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